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Bitácoras

5 de octubre de 2013

Hace algunos tramos atrás se publicaba sobre el “novísimo” (cine chileno)  lo siguiente:

Un comentario técnico suscitado por dicho artículo que como muchos otros comentarios ya no puede leerse allí fue:

Es interesante el debate porque evidencia que hay tantas películas como espectadores, sean cinéfilos, teóricos, realizadores u otr@s. Aún no leo el libro mencionado en aquel artículo pero vi todas las pelis aludidas, casi se dijo Michel.  ¿Cada peli tiene su público? Él cree que sí. En Se arrienda, de Alberto Fuguet, su protagonista Gastón, se enfrenta a su falta de vocación y no solo a su incapacidad adaptativa. Y describiendo una estructura de baja cinética con pérdidas mixtas al menos le queda la ilusión del amor. Gustemos o no de la realización de la película, ojalá apreciemos las debidas capas del ciclo de conflicto, si no, ¿cómo formarnos una apreciación técnica o estética? Y en Play, el diálogo mencionado en dicho artículo, es un evento dramático, un choque de paradigmas; un personaje muy masculino, enfrentado a una cruda situación socio-laboral, posee mayor fortaleza mental y emocional que el protagonista (joven profesional tipo andrógeno). Entonces pareciera, le dice Michel a Darwin mudo, que algun@s cineastas como Alicia Scherson, están creando nuevos ángulos dramáticos al exponer sus personajes. ¿Cómo en Turistas?, fanatiza Darwin.  ¿Por qué les pediríamos que nos muestren las relaciones y sus infinitos universos, tal como nosotros lo vemos y que renuncien a cómo lo ven ellos mismos? ¿Y por qué no abrirnos a otra mirada?, insiste Michel. Se critica En la cama de Matías Bize porque pudo ocurrir en cualquier parte del mundo, ser “universal” le juega en contra,  pero su poética de brazo amarrado ya se veía en Sábado, arrincona Michel, Darwin zorríe. ¿Y qué  se dice de la falta o buen uso de la escala de planos? Ya estrenará La memoria del agua. Y qué decir de La buena vida, con un Edipo quizá muy subtextual y a Michel le parecía evidente. Ese aspecto también releva tejido social, nos guste o no la visión de Andrés Wood y su equipo, acomete. Su Ecos del desierto es su obra más unitaria hasta el momento, agrega Darwin, una miniserie de altísima intensidad dramática y de gran expresión caracteriológica de los sentimientos y pensamientos contrarios que mueven a una u otra entidad o fuerza dramática en conflicto.

Y El cielo, la tierra, la lluvia, con una cámara (o focalizador altamente exógeno) que apenas si puede acercarse al núcleo afectivo endógeno de sus personajes,  una poética que ya se insinuaba en la bastante más evidente y no por eso menos sutil Obreras saliendo de la fábrica, que persiste en Verano (con Rosario Bléfari), todas obras de ficción, de universos creados que tocan bastante más aquello que se les reprocha no tocar, desde su muy autoral perspectiva. ¿Ah, sí, ah? Y Sebastián Lelio, quien luego de La sagrada familia, Navidad y El año del tigre, dirige Gloria, tan gloriosa entre las 12 candidatas iberoamericanas al Oscar 2014, de un autor que sin renunciar a su poética cinéfila (si se pudiera decir así), conquista una gran cantidad de espectadores y que de paso sincroniza a su femenina protagonista con el cambio de conciencia del tercer acto (parafraseando a Jane Fonda), eso también es un aspecto social (y bioenergético), de eso que nos dice que a cierta edad tú declinas, siendo que seguimos creciendo, hasta el último segundo. ¿Eso quieres creer?, zorríe Darwin de nuevo. Y se menciona a Helvio Soto. No olvidemos lo incomprendido que fue nuestro gran Helvio Soto con su Llueve sobre Santiago (con banda sonora de Piazzolla, rodada en Bulgaria) o su magistral  La metamorfosis del jefe de la policía política (re-exhibida en cineteca nacional), con un estilo que compite con el Antonioni de esos años y que posee una banda sonora de culto, compuesta por el baterista de jazz Orlando Avendaño. Su estética tan depurada como comprometida ha sido materia de un análisis crítico no siempre favorable, ¿ y por su compromiso? Y hay tanto, tanto del novísimo cine que encima sí toca fases o aspectos del conflicto social y no por eso no corre riesgos estéticos, que también admitamos nos falta una mejor distribución de ese cine, que no nos pase lo que nos pasó con Cine Huérfanos y, y, y otras tantas salas ya cerradas, a, a, algo altamente social, tartamudea Michel. Rabia, de Óscar Cárdenas, Las cosas como son de Fernando Lavanderos, Mi último round de Julio Jorquera son ejemplos de un cine no menos alejado del contexto, sin concesiones autorales para atraer a mayor público. Y con gran desarrollo comprimido aunque concentrado del carácter de sus personajes, será que el cine de sala o de nube, es tanto cine de públicos masivos como de individuos, ¿será eso?, pregunta Michel a Darwin, que zapea en

Fuentes: El mostrador ABC Guionistas

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