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Oj…

22 de septiembre de 2013

Mutis, toy mutis, podría decir alguien o algo, como brotado de una foja de novela, como brotado de una foja primavera. Que las flores estampen contra la retina el arbóreo caminar no significa que. Sí, no significa que. Alguien o algo no sabe a dónde ir y el epígrafe índice de Naked lunch le quema como golpe bajo de boxeador de Chinaski habanero. ¿Tan temprano?

Tal vez ya no es tan temprano, aunque esté nublado. Tal vez no es tan tarde no obstante tutos los tramos de trama que. Alguien o algo le cambia a, eh, la transcripción de la novena de Beethoven para piano de Richard Wagner por la de Franz Liszt. ¿Qué? En ese caso, te cambio Hombre rico, hombre pobre por Vientos de guerra. Chis, ya, en ese caso te cambio The wire por Breakin´ bad. Hum, en ese caso…te cambio…”…”. Tiene que pensarla un poco y mientras la piensa, zapeo, zapeo, zapeo. Te cambio la banda sonora de Memorias del subdesarrollo en especial las guitarras de Leo Brouwer antes de la entrada de ella a, por la banda sonora de Rocco y sus hermanos, en especial el organillo tipo Rue de Fortune. Chuta, ya, en ese caso te cambio…”Bird of paradise” con Charlie Chan en vivo por..¿Hum? Por, por, por Los indios tabajaras, vals en do sostenido menor de…Chopin, no vale, porque entonces se podría cambiar On the edge en cuevana por la inencontrable (excepto para fans muy fans), Sol ardiente. Na que ver porque en ese caso, esa misma te la cambio por Amor esclavo. Ups, ya, esa te la cambio por la georgiana impillable casi, El árbol de los deseos. ¿Con la chica delicada besando en la mejilla a esos tres jóvenes junto a la pileta del pueblo antes que partan a…? Sí. Ok, esa te la cambio por la Primera carga al machete, con guitarra de Pablo Milanés, más fácil también de. Jaja, esa te la cambio por La metamorfosis del jefe de la policía política que la están dando en la cineteca po. ¿Con que esas tenemos, ah, hum, hum? Uy, ya, jaja. Zapeo bis. Zapeo bis. Zapeo bis. Se le acaba de pasar un Ernesto Lecuona en guitarra que le quiere cambiar por un conejo de la suerte.

Muy probablemente una puesta en abismo era eso, la impuntuación narrativa de una balsa de piedra trema y escindida hasta de los primeros cráneos de Pekín, Orce o Zona Q y la mitocondria de una Eva modelada en coltan sintético con cabellos de cáñamo en vez de poliuretano. No bajes a esa mina, dijo una silueta, del tipo Sub-terra o sub-sole, tipo meridiano de sangre o entre-ríos disparados como flashes a kudús y al Kilimanjaro de Miles Davis. Los dedos digitales, prestos a escribir más de la cuenta pero no tanto, son musitados y zorreídos por las alburosas almas del devaneo literario, desde la orilla de la cotidianeidad atrapante de su empleo oficinesco cual corrector de pruebas de prensa y el oficio de escribir en ese momento, no era eso que dicen que es escribir literatura dura para sus fieles sensibles o meros amantes viciosos de las letras, de los que leen más de lo que escriben y de los que aparte leer demasiado, casi como adictos (pero no tanto tampoco) van mucho, pero mucho más al cine, demasiado…ufff. Y no solo eso, ven demasiadas series. Casi como si vivieran dentro de una vida literaria de novela, casi como si habitaran segundo a segundo cada trama de su alfombra de aframbuesado hilo de luz, con intertextos geneagramas de una Ada o el ardor.¡____ ____;? ¿La puesta en abismo, ah?, zorríe Darwin, te cambio El viajero del siglo de Andrés Neuman por su Bariloche. En ese caso, te cambio también Novecento por El capital, de Costa Gavras. Ok, pero en ese caso te cambio la puesta en abismo del Quijote, por la de Pálido fuego y con notas de campo al Quijote, al tempo perdido y al uliso. Te cambio Yo, el tarot, de Jodorowsky por El viajero del ¿tiempo?, la culpa es de Fidel, esa película que. Te cambio The adversary por Hierro tres. En ese caso, te cambio el estudio número uno de Villa-Lobos por una transcripción a vihuela de Naima. Ok, pero en ese caso entonces, te cambio My heart is an apple de Arcade fire por Videotape de Radiohead. Jajajajaja, ya, ok, pero en ese caso te cambio a. Dilo, dilo. Jajajajajajajaja, no. Dilo, ya po. Te cambio Ningún lugar sagrado, en especial los poemas ígneos de los terroristas de salón por el Roque Dalton de Castellanos Moya. Chuta, ya. Te cambio La última niebla por Pedro Páramo. Eh, no sé, veamos. Humedad de lava, de fango y de deseos, uff, es que de verdad tengo que escribir, se dice alguien o algo, que deja  una tras otra imagen correrse por el cielo raso, con cable periférico sonando a serie anglo o a cine de costumbres, ufff y ronquidos adjuntos y modorra y despertador. Grabando diversiones alguien o algo diversifica, no, si es que ahora me dedico a la fotografía y al clip en mis ratos libres, ah, mira, zorríen las invisibles almas literarias, claro, jajajaja, ¿te gusta el cine, eh? Y hoy, ¿no nos pagaron tampoco? Como sabemos, la compañía está consciente de que nuestro personal recibe sus pecunios con la debida correspondencia y confiamos en que la contrariedad editorial y multimedia favorezca prontamente, ba, ba, ba, próximamente, te y canasta a domicilio, sonatinas, pifilcas y pifias, soma desnudo bajo mamelucos y delantales térmicos, esta compañía gana millones alega alguien o algo, qué ocurre con estos zopencos que no nos pagan, es que acaso, nuevas pifilcas y un oboe y algunos estorninos resuenan como en concierto de pájaros tipo Dave Holland y también desvinculaciones corporativas y zozobra. En la esquina de una calle equis, una mujer de gran acento en sus atributos encaderados, es sorprendida por la espalda por un hermita de bunker, quien le pincha con la punta de sus dedos, uno y otro hombro y luego huye zorriendo. Ella lo mira mirando también a todos lados y cruza la calle pensando en el rostro hirsuto y hediente de esos ojos trigo que la acaban de tocar. Quiero escribir, quiero escribir, dice alguien o algo, ya tengo dos novelas ya, insiste inclusive con piel de gallina o de androide paranoide, ¿ah, sí, ah? Sí, si en serio. Hum, vayamos viéndolas pues. ¿Pues? Claro, pos. Sí. ¿Que cuántos personajes hay en juego? ¿Aquí o en la quebradita del ají cacho de cabra?¿Quitral o dialéctica de espejos? ¿Fok?

Adagio sustinuto. ¿Cómo el obstinatto? Lengua viperina que insinúa defenestrar al presidente interino ¿en? El capital, de Costa Gavras, claro, odiosa cinefilia. El principio del placer dionisíaco, epicúreo, hedonista, estudiado por Marx, Freud, Reich, Jung, or anyone. Una mano izquierda y una mano derecha perfeccionan su ejecución, la tensión circular del arpegio, dedo a dedo disminuyendo, aumentando, Ana Vidovic, su versión favorita, una guitarra Paco o Pacs cual cuadros Picasso se deja acariciar por los ensayos de su perseguidor, Lapoli conduce su carro hacia la última muerte de su trama. Los descubrimientos de Bikul desagradan a alguien o algo que no se ve con nitidez, son tan solo nueve colores y la luz es invisible, sentencia Bikul. Blanco, gris, negro, rojo, verde, azul, cian, amarillo, magenta; solo las emociones son tuyas, las ideas pertenecen al inconsciente colectivo, agrega, ¿estás seguro de eso? Lo vio desde el eneagrama, filtra medroso narrador equis. Ahora, en lo que no se llama ahora, la estructura numerológica de la novela, se le desarmaría a alguien o algo en la acriminada mesa de taberna, de tablón verde rayado por surcos en los pómulos opuestos a un adversario, que caía nada más que como un recuerdo en medio de un ruedo de coipos que le vitoreaban encerrados en la celda sodomita hasta que el guardián, el celador o el cancerbero inocula un inodoro gas y los panópticos graban los efectos neuronales, cardíacos y locomotores de un alguien o algo a quien Darwin no logra distinguir con precisión antes de ser presentado a la horda esa noche.

La estrella roja de sus labios,  susurró cual over shoulders de comic: me caí recién del cielo, tranqui, voy bien. Las calles mojadas del solsticio meridional arden contra un carrobús eugenésico que atropella mandolinas, acordeones y guitarrones cuya rasgadura rasga el cielo con el  incesante rumor de fragmento trozado sobre el asfalto. Quiero un comunismo evolutivo, susurra una silueta femenina, que despista al carrobús entre pasajes fosfénicos; quiero paz, susurra un silueto masculino perpetrando una saeta envenenada de alacrán azul. Si acaso eso que querían fuese como una isla_jardín de paradisíaca heterogeneidad, sin guerra ni hambre ni soledad y cada cuerpo de agua y cada cuerpo insular, se amara y uniera a los misterios celestes de ese beso rojo que habita aventurero entre el abismo de ella y el abismo de él.

No digas tantas tonterías cinéfilas, interrumpió predecible una incógnita equis desde universo impredecible. Amo Novecento y La metamorfosis del jefe, musitó ella. Amo el arcano sin nombre de tu camino, se dijo él, sin mover los labios, guardando silencio y contando con los dedos de las manos a la espalda, como en Disparen sobre el pianista y luego iba a decir algo y no dijo nada, ella fue cauta y calló y él fue sonso y cayó, en la hermosa trampa de una novela, hecha de fuego ardiente y pupila en sus ojos oscuros y rasgados y hecha de agua quemada y nervio de saeta arrojada desde su arco de personaje literario. Ella se deja acompañar entre trenes al sur, notas de campo, reuniones bohemias, estudios de foja roja, amantes y melancolía. Él se deja acariciar por las mariposas de ese recuerdo en el que fuera alguna vez el elegido por, y ahora, en lo que no se llama ahora, la serenata del mar, la apassionata, la naima de Charlie, su propia versión del estudio número uno de Heitor Villa-lobos o una luna modelada por oscuras manos de sol. Los sembradores de incendios durante un día atentado, la ramona parra muerta como una dalia roja en la plaza constituida, la masacre en Ranquil, por qué sincronizan tanto a veces para des-sincronizar tanto luego…Ella se iba desnudando de su trama resguardándose por fuera y ante sus exteriores, él caminaba junto a ella desnudándose también sin siquiera decirle nada casi a nadie y diciéndolo al mismo instante a tuto mundo y en cada ígnea barricada de ese día amarillo y noche azul, se iban mostrando y ocultando según, sin, sobre, tras la estrella roja de su alma labial y su aroma a crema y a flores bordadas con sangre y alambres de púa, encordado a los fardos de la miseria, esas cosas, parece decirle a su fémino oído una viril voz. Todo era tan incierto, tan inseguro, todo era a veces tan anti-poético, que hasta los carro-buses eugenésicos eran pintados con mudo estilo invisible tipo Hierro tres para oír música pre-eugenésica y oler cuadros con moco o semen y a juego de guitarras despedazadas por las ruedas de carros fénix, de esas que no perdonaban aún, (¿aún?) pero que cantaban con más fuerza y con más suavidad. Un obrero caído a la eternidad y un día desde su andamio caía en la cuenta de sus adherentes conversadores, humos celestes y licores verde agua o damasco, vapores y bailoteos y todo se confundía con una memoria que no era para siempre con otra que si lo era. Porque algo que ella y él aún no veían en el misterio de conocerse, les invitó proléptico, a saltar otra vez al inseguro desenfreno por unirse y una cosa parecida al deseo acosquillado, se les derramó también desde sus brindis como una carcajada burlona ante sus posturas inconclusas o incongruencias existenciales y un destello de la deliciosa vanidad de solo ser y nada más que ser se apoderó también de la guadaña luz violácea de su paseo por el bulevar solsticio. Por qué callar, si nací gritando, grafiteaba una chica de jamper azul y blusa blanca, con un cintillo aframbuesado entre sus amarillos cabellos. Me amenazaron, Lapoli en persona me amenazó, donde te vuelva a ver… El beso que eran caminar con ella, caminar con él, el no beso que era eso también, el adiós inminente, los automóviles lejanos, con sus haces borrosos, desconocidos portales de aventura sin abrir, iluminando ese rostro que alguna vez él hizo tan solo con palabras mudas, inigualables a cada uno de esos rostros suyos, oj, ¿acaso eso era eso? Y luego, recitar otra vez con ella previendo irse a re-ver Los juncos salvajes o En la boca no, saber, no saber, no besar, besar…

Está de cumpleaños, dile feliz cumpleaños ahora, díselo, anda. El azufre, el salitre, el carbón, como una pólvora solsticia eran iguales al desvío de pecunios a las cuentas de cada desposeído desclasificado por compañía eugenésica, les explica Darwin, ella y él asienten en silencio. ¿Si acaso él tomaba su mano? ¿Si acaso cuando luego se despedían y se unían a otra silueta, dejaban de amarse? ¿Acaso era eso también el amor? Cariño, deseo, amor, pasión. En universo periférico una vela con el número tres ardía en una torta de almendras. Ardía con una guitarra de almendrillo rojo, en el vals de Natalia y el do sostenido menor de Chopin. Y en el swing amarillo de los bronces y las ocres cumbias nativas o las violetas canciones que tanto a ella le gustaban y las algarabías, los ebrios inconclusos (ya dijo ese adjetivo, y qué, responden), los opúsculos abruptos intentando ser un poco algo que ignoraban como ser porque no lo eran, les acercaban cada vez más a lo que eran ella y él esa noche o ese día en esa trama. Y la muerte se despidió mezquina y la vida se aconteció exógena y a la vez íntima. Y cuando ya se hubieron ido de todas las ígneas callejuelas silenciosas y hedientes luego de y antes de los tranvías, troleis, autobuses y los andenes presurosos y los vidrios de trenes desdibujando trayectorias adivinables, eso que era un beso antes del beso, antes de ese último y primer beso que lo sellaba y encerraba todo y que lo abría y lo prometía todo y que les atraía tanto, tanto a veces hacia los abismos oscularios y que…

Una interrupción odiosa e impredecible, mediante un mecanismo predecible, golpeó la puerta de sus secretos. ¿Ahora? Sí, tú sabes cómo es esto. Oj, no se cómo es, pero se que no quiero que sea así, endo-farfulló. Sí, claro, ya sabemos cómo es, pero nos quedan…no, siiii, que noj. Las estrellas provenidas de alguna eternidad anterior se quedaron junto a ellos y hasta un vehículo muy semejante al cabriolet la esperó a ella en silencio, envuelto en vapor frío de solsticio y de callejas bohemias (ese adjetivo ya lo dijo) y cuando amaneció, cuando ya la ausencia era una presencia viviente en el vacío de una colcha roja o celeste con sábanas damasco, sus ojos, los de ella, y todos esos sus rostros que él tanto quiso, le sacudieron otra vez contra las paredes de sus pensamientos y sus sentimientos de insosegada soledad, vacía de ella y de alguien más que tocó a la intangible puerta de la intemperie y entonces…¿Continuará? Dicen que sí, tal vez que no.

Mutatis mutandis, mutis, ta mutis y alguien o algo, brota de una foja de novela, como de una idiota primavera. Que las flores estampen contra la retina el arbóreo caminar no significa que. ¿Sí, cómo “no” iba “a” significar?, ¿ah, hum, hum? De_continuará, dicen. ¿De continuará? Libros en la tierra, volcanes en el cielo y en el laberinto rizomático, danzas matinales invisibles más un libro de pinturas de Braque y de…

http://www.unitedexplanations.org/2013/07/16/50-satiricas-ilustraciones-de-pawel-kuczynski/60712_582709921757591_1458024201_n/

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