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en_directo

29 de marzo de 2011

Michelle…

Los párrafos se diferencian de los diálogos, el narrador, hallado dentro de Michelle o lo que fuera que era eso, caminaba por una playa de Queilen, de noche, estrellada, en otoño, en una isla del hemisferio sur, a la que hace muy poco llegaban volando sillas o refrigeradores, como en una de Emir Kusturica, con grises cenicientos a los Tarkovski, según un cineasta francés que hace de impestor o inspector? en un patio interior exterior en algún gincong de Pagís…

Rüme, primer vocablo huilliche aprendido de una chica aborigen, con rostro y sentimientos aborígenes, con actos y esperanzas aborígenes,

cocina, y hábitos propios de una chica dedicada y silenciosa a su artesanía y a su arte en la feria de la biodiversidad en Castro, isla de Chiloé,

que ya tiene una cuenta en artesanos.info

Michelle, por qué les cuentas esas cosas a la gente si a nadie le interesan? porque siempre hay alguien que como Nodelia Chiwai, se interesa

universo de sorpote rico en intimidades, propias del conocerse en un documental, masajeándose con reflexología,

MIchelle cree a pie juntillas (¿o es pie junquillo?) lo que dicen sus personajes, lo que hacen, lo que dicen, sabiendo que no siempre es así, sabiendo que es una premisa de guión el que no sea así, como si la vida misma fuese una estrucutura de pérdida, llena de curvas de descompensación y de ganancias fortuitas, como los hallazgos escondidos en cada destello  nuevo de rocas azuladas y todavía desconocidas, ningún idiota se lo planteó así antes, huilliche, chilote, isleño, todas las anteriores, como si se pudiera decir así, Michelle rindió homenaje a la oralidad menlancólica y a la fidelización de su selecta audiencia cautiva, su libro llevaba ya tiempo gestándose, poseía dos tramas de cine definidas, dos guiones sobre un mismo eje, el chamanismo, abordado desde dos narradores externos subjetivos, uno situado en un punto perdido en el norte de Chile, específcamente en un calabozo, y en Santiago de Chile, en algún punto periférico, Marcelo, que bien podría ser Michelle, un alter ego de Michelle o sólo un personaje demasiado cercano a su propio biotipo, no se sabe, protagoniza Noche de Quelterhues, y El aullido del Llatirí, tiene principio , desarollo y final, más una trama de teoría deliciosa del guión y atisbos de la net_nouvelle que va por fuera de esos dos guiones brotados a Michelle, multinarrador protoganista y testigo, y hasta externo intersubjetivo, en palabras de Carlos Pérez Soto, si se le ocurriera examinar por un momento el concepto, la filosofía es eso, dice Deleuze, la fabricación de conceptos, conoce una de Bresson que Michelle aún desconoce, las zagas multipropósito, estaban a la orden del día, laas editoriales pàrecían hienas, arrojándose como fieras enardecidas por la sangre que bortaba de ese corazón hoy inaalcanzable felizmente sha…

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Continuará…

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