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Noche de Queltehues. Desenlace.

30 de junio de 2010

65    INT. BAÑO PASILLO – MAÑANA

El pasillo alargado y hacia el fondo primero se ve borroso, pero después ya se puede ver más nítido. Federico está sentado en la letrina, pantalones abajo, con la cabeza gacha.

Ronca con estrépito. Hacia allá camina Méndez con un celular apegado a su oreja, se le ve por la espalda llegar hasta dónde está Federico.

Méndez:

¿Qué dijiste? No se entiende. ¿Qué…?

Ya al lado de Federico, Méndez arroja lejos el celular, chasquea sus labios y se queda mirando a Federico, luego tira de la cadena y golpea con la mano abierta el rostro de Federico, quien sigue roncando.

El rostro de Méndez luce cansino. Sus párpados están caídos, su camisa está toda afuera, se sube sus pantalones, sin arreglar la camisa. Méndez abre el espejo y saca el frasco de colonia. Se queda oliendo por un momento, luego la deja con brusquedad detrás del espejo, y abre el chorro de agua.

La cañería resuena y el chorro de agua disminuye, Méndez alcanza a mojarse la cara.

Federico murmura algo indescifrable y el agua se corta con un fuerte rugido.

Méndez remece a Federico hasta que éste por fin le presta atención, aún todavía con los ojos semi cerrados, y luego los vuelve a cerrar.

Con la cabeza gacha, Federico pregunta todavía.

Federico:

¿Qué tanto apuro, aah? ¿Qué tanto?

Méndez revisa su PISTOLA, se mete la camisa dentro del pantalón, y Federico pregunta.

Federico:

¿Y las chiquillas?

Méndez lo mira y le vuelve a abofetear. Luego agrega.

Méndez:

Dicen en la central que vieron

al Borracho en el campanario, recién.

Desde el w.c. Federico mira hacia la escalera.

Federico:

¿Qué fue ese polvo que jalamos

anoche? ¿Qué pasó?

Méndez:

No sé. No me acuerdo. Pero tenemos

que bajar así que párate, mierda. Párate…¡¡

66    INT. PASILLO – MAÑANA

Marcelo despierta en el suelo del pasillo y se reincorpora con rapidez.

Recoge su gorra y se asoma a los barrotes de la última celda.

No se distingue a nadie.

Un tenue rayo de luz se filtra por los cuatro barrotes del calabozo.

Marcelo se asoma a los  cuatro barrotes del calabozo, y se ajusta el cinturón. Luego descorre la cerradura, abre el calabozo, se cubre la nariz, recorre el lugar con su vista, mira hacia atrás, se oyen difusas las voces de Federico y Méndez allá al fondo, bajando las escaleras, los pasos en el pasillo se detienen, todo en off.

Marcelo entra medio cuerpo al calabozo, se admira de un intenso punto de luz allí al fondo arriba, se vuelve al pasillo, la silla está casi junto a él, cierra rápido la puerta del calabozo, un par de sombras se dibujan allá en el fondo del pasillo desde la izquierda.

Marcelo revisa su pistola, se sienta en la silla, mira allá al fondo y se pone de pie con lentitud, mirado desde abajo se ve como voltea lento su rostro en dirección a los pasos que se oyen todavía lejanos, en off, se oye lejano el graznar de unos queltehues, in creccente y en off. Marcelo tiene un leve tiritón reflejo.

Créditos finales con un bolero en el que hay un solo de bon goe.

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